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Volvió a temblar en Chocó: la recuperación también necesita atención en salud mental

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Ilustración editorial de una comunidad chocoana reunida con una profesional de salud para recibir acompañamiento después de varios sismos

Un nuevo sismo de magnitud 4,1 fue reportado en Istmina durante la tarde del 24 de agosto. Los movimientos posteriores al terremoto no solo mantienen la atención sobre las estructuras: también recuerdan la necesidad de acompañar el miedo, la ansiedad y la pérdida de tranquilidad en las comunidades.

El Chocó vivió un terremoto y, aunque poco a poco hemos intentado regresar a la normalidad, hay algo de lo que todavía hablamos muy poco: las secuelas emocionales que dejó la emergencia.

Este lunes 24 de agosto de 2026, a la 1:55 de la tarde, un nuevo sismo de magnitud 4,1 y profundidad de 43 kilómetros fue reportado con epicentro en Istmina, Chocó. Medios nacionales difundieron el registro con base en la información del Servicio Geológico Colombiano.

No fue el único movimiento reciente. El 19 de agosto, a las 5:07 de la mañana, el Servicio Geológico Colombiano había reportado otro sismo de magnitud 3,8, superficial, localizado en el océano Pacífico, a 43 kilómetros de Bahía Solano.

En Pie de Pató, ese movimiento del 19 de agosto se sintió con fuerza durante aproximadamente cuatro segundos, de acuerdo con una observación directa comunicada a Voces detrás del silencio. Después de lo vivido, unos pocos segundos pueden ser suficientes para que vuelva el miedo.

Sentir miedo no equivale automáticamente a tener un trastorno.

Hay personas que todavía no duermen tranquilas. Un ruido, una vibración o el mínimo movimiento puede ponerlas en alerta. Algunas piensan inmediatamente en salir de la vivienda y buscar un espacio abierto.

Es importante evitar diagnósticos improvisados. La Organización Mundial de la Salud explica que, después de una emergencia, son frecuentes sentimientos como ansiedad, tristeza, irritabilidad, cansancio o dificultades para dormir. En muchas personas ese malestar disminuye con el tiempo; otras pueden necesitar atención especializada.

Reconocer el miedo como una reacción posible ante una experiencia extrema no significa minimizarlo. Significa acompañarlo sin etiquetar ni estigmatizar a quienes lo sienten.

Volver a la rutina no siempre significa recuperar la tranquilidad.

No basta con reabrir negocios, retomar actividades o regresar a clases para afirmar que todo volvió a la normalidad. La gente también necesita recuperar la sensación de seguridad.

La Organización Panamericana de la Salud sostiene que el componente de salud mental y apoyo psicosocial debe formar parte de los planes de preparación, respuesta y recuperación ante desastres. No es un asunto secundario frente a la atención física: es parte de una respuesta integral.

En colegios, instituciones y comunidades sería importante contar con equipos capaces de escuchar, orientar, identificar señales de alarma y remitir a servicios profesionales cuando sea necesario. La respuesta debe incluir a niñas, niños, jóvenes, docentes, personas mayores, familias damnificadas y personal que atiende la emergencia.

¿Dónde está la estrategia territorial de acompañamiento?

La atención posterior a una emergencia no debería limitarse a revisar estructuras, entregar ayudas o reconstruir lo que físicamente quedó afectado. También debe identificar y atender las consecuencias emocionales que permanecen cuando aparentemente todo vuelve a funcionar.

Hasta el cierre de esta actualización, Voces detrás del silencio no localizó un plan público detallado que indique cuántos equipos de salud mental están desplegados en Alto Baudó, qué comunidades atienden, durante cuánto tiempo trabajarán ni cómo puede solicitar apoyo una familia.

Esto no demuestra que no exista ninguna acción. Significa que todavía se necesita información territorial visible y verificable.

Reconstruir también significa recuperar la tranquilidad.

Reconstruir viviendas, escuelas e infraestructura será fundamental. Pero también debemos ocuparnos de aquello que no se ve a simple vista.

Podemos reparar una pared, reconstruir una escuela, volver a abrir un negocio y regresar al salón de clases. La pregunta es cómo recuperamos la sensación de seguridad de quien, ante cualquier vibración, piensa inmediatamente que viene otro terremoto.

Ahí también deben estar presentes el Estado, las instituciones educativas, el sector salud y quienes tienen responsabilidades en la atención de la emergencia.

No se trata solamente de volver a la rutina; se trata también de volver a sentirnos tranquilos.

Fuentes consultadas.

  • Servicio Geológico Colombiano. Visor de sismos y monitoreo de la actividad sísmica en Colombia. Consulta del 24 de agosto de 2026. Consultar fuente oficial.
  • Infobae Colombia. “Nuevo temblor sacude a Chocó: el Servicio Geológico Colombiano reportó un sismo de magnitud 4,1 con epicentro en Istmina”. 24 de agosto de 2026. Consultar fuente.
  • Organización Mundial de la Salud. “Mental health in emergencies”. Actualizado el 6 de mayo de 2025. Consultar fuente.
  • Organización Panamericana de la Salud. “Salud Mental y Apoyo Psicosocial en Emergencias”. Consulta del 24 de agosto de 2026. Consultar fuente.
  • Ministerio de Salud y Protección Social. Recursos y orientaciones de salud mental en emergencias y desastres. Consulta del 24 de agosto de 2026. Consultar fuente.
  • Voces detrás del silencio. Observación directa sobre cómo se sintió el movimiento del 19 de agosto en Pie de Pató.

Nota de verificación.

La magnitud, hora, profundidad y localización del sismo del 24 de agosto fueron contrastadas con publicaciones que atribuyen los datos al Servicio Geológico Colombiano y con su visor oficial. La percepción registrada en Pie de Pató corresponde al movimiento del 19 de agosto y se identifica como información obtenida directamente por Voces detrás del silencio; no se extrapola a todo Alto Baudó. Este artículo no diagnostica trastornos mentales ni afirma que todas las personas presenten las mismas reacciones.

Imagen destacada: ilustración creada con inteligencia artificial para Voces detrás del silencio. No es una fotografía documental ni representa personas reales.

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Chocó, Colombia.